Resulta que mañana son las Paellas de Derecho (si no sabéis lo que son las Paellas, pinchad aquí y leed el 12º párrafo). Y, además, mañana es el último día que tengo para ampliar mi matrícula. Así que tendré que ir tempranito (antes de las 12) para resolver los trámites (de la matrícula, no de separación, que como no me separe de mi madre no sé yo de qué me voy a separar) y luego... ¡Fiesta! Lo malo es que... tengo clase a las 4. Y, claro, con todo el ciego del mundo, no me va a apetecer a mí encerrarme entre cuatro paredes y ponerme a escuchar lo que sea que el profesor/a de la asignatura/o me tenga que decir, ¿no os parece?
Debería dormir al menos las 3 horitas que me quedan, ya que mañana va a ser un día muuuuy largo. Espero, al menos, que me dejen dormir la siesta, aunque sea en clase. No tengo problema, me amoldo fácilmente a la forma de la silla y duermo más agusto que Dios (que, claro, como es Todopoderoso, se cree que puede dormir siempre más agusto que nadie. Cabrón, ése no me conoce a mí).
Por cierto, os informo de que me he comprado unas gafas nuevas (lógico, no me las voy a comprar viejas... o sí, puede que me hayan timado y sean viejas... qué cabrón el de la óptica... ése tampoco me conoce). Son lilas y son preciosas, porque las eligió mi mami. Yo es que soy un pelín indecisa. Defino indecisa: tenía unas 20 ó 30 gafas sobre la mesa, me las había probado todas unas 20 ó 30 veces y... no estaba segura de si me gustaba alguna o quería que el vendedor siguiera sacando más. Así que llegó mi madre y dijo "Ésas". Pagó y nos fuimos. Qué máquina, hizo en un segundo lo que a mí me costaría horas. Claro que luego, si me harto de ellas, siempre puedo echarle la culpa. Jiji. Ya le advertí y le pregunté si estaba segura de su decisión, y dijo que sí. Que luego asuma las consecuencias.
Además, me estoy quedando un poco ciega de un ojo. Por no ponerme las gafas. Claro, mi vida se resume en: comer, leer, ordenador, tele y dormir. Y tres de esas cinco actividades debo hacerlas con gafas. No es que no me las ponga porque no me gusten (que me encantan) o porque no me queden bien (yo siempre voy divina de la muerte, para qué engañarnos), es simplemente que se me olvida. Pero, cuando la de la revisión me advirtió que, si no me las ponía, podría quedárseme el ojo derecho vago perdido (y a mí lo del ojo vago me suena a vizco y a parche) pues... bueno, digamos que realizo las 5 actividades con gafas, por si acaso (sí, es incómodo dormir con gafas, pero es que en cuanto me las quito... desaparecen. Se irán de fiesta por el agujero negro que tengo escondido por mi habitación).
En fin, creo que después de esta pequeña charla sobre mis gafas, puedo dejaros en paz un ratito.
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